Ribadesella, retablo de la iglesia de Santa Marina

Retablo de la iglesia de Santa Marina de Ribadesella

El Retablo
La primera piedra para la nueva iglesia (la que hoy conocemos) fue colocada en agosto de 1922, siendo párroco D. Manuel Blanco Escandón. Enfermo desde hacía años de una grave afección cardíaca, falleció el 22 de octubre de 1929. Después de su muerte, se hizo cargo de la parroquia D. Emilio García Rodríguez, natural de Villayón, nacido en el año 1882. Durante su ministerio como párroco se llevó a cabo la construcción del magnífico retablo que hoy podemos contemplar. D. Emilio fue detenido, preso en la cárcel (la nueva iglesia) y asesinado en Santianes el 15 de agosto de 1936. Sus restos descansan en el cementerio de Ribadesella. D. Alfonso Covián Morillón atendió la parroquia como coadjutor hasta el 21 de noviembre de 1943 en que tomó posesión de ella como párroco hasta su jubilación el 15 de julio de 1979. En enero de dicho año escribió un “Inventario del Patrimonio de la parroquia” en el que se puede leer: “El retablo fue diseñado en 1934 por el famoso escultor don Gerardo Zaragoza y ejecutado por el artista riosellano don Emilio del Valle Junco de Sebreño, a expensas de doña Asunción del Valle Pérez”.

Ribadesella. Altar Mayor de la Iglesia de Santa María Magdalena.

Gerardo Zaragoza era hijo del conocido pintor asturiano José Ramón Zaragoza. Nace en Cangas de Onís en 1902 y cursa estudios en la Academia de San Fernando, donde fue discípulo de su propio padre. Entre sus obras más significativas se pueden señalar el Vía Crucis en la iglesia de San Blas de Madrid; varias esculturas en el Jardín de los Reyes Caudillos y el monumento al Padre Feijoo en Oviedo; a Vázquez de Mella en Cangas de Onís y a Palacio Valdés en Pola de Laviana. Compaginó la escultura con la docencia y murió en Madrid en 1985, a los 83 años.
En el nº 7 de la revista La Plaza Nueva editada por la “Asociación Amigos de Ribadesella”, se puede leer un artículo escrito por D. Jaime Álvarez Rivero sobre el artista Emilio del Valle Junco. Soy de la opinión de que este riosellano merecería un libro cuyo contenido fuera una extensa biografía, que bien podría ser publicado por dicha Asociación Cultural. Pienso que a todos lo socios nos gustará y la leeríamos con gran interés. En este artículo dedicado al magnífico retablo, solo quiero dedicar a Emilio el de Sebreño (como lo conocían en Ribadesella) una breve semblanza:
Nace en Sebreño (Ribadesella) en 1905 y ya de niño realizó el escudo municipal que preside la fachada del Ayuntamiento de Colunga. Los escultores Álvarez Laviada, Víctor Hevia y Gerardo Zaragoza le hacen innumerables pedidos, que ellos diseñaban en yeso o arcilla y luego, el tallador plasmaba en piedra caliza. Su técnica de trabajo recibe el nombre de “talla por puntos” para lo que se necesita hacer infinidad de mediciones del original. En Ribadesella decora los seis capiteles que adornan la entrada de la iglesia parroquial y el retablo mayor. Entre las innumerables obras realizadas por este artista merecen especial mención los bustos de los monarcas asturianos situados en el “Jardín de los Reyes Caudillos”, junto a la Catedral de Oviedo y la estatua del Padre Feijoo, también en la capital.
De su exclusiva creación surgieron entre otras, tallas como la de San Pedro en el Panteón de la familia Pidal en Ribadesella; las tres cruces de la Cueva de Covadonga y un busto de su fallecida hija Lola (de su matrimonio con doña Leonor Bernardo Quiroga nacieron tres hijas: Mª Dolores, Mª Rosa y Mª Ester).
Tras una vida dedicada al arte, la artrosis acaba impidiéndole continuar con su obra. En 1973, tiene que cerrar el taller en el que llegaron a trabajar bajo su dirección 12 empleados. Fallece en Ribadesella el 12 de julio de 1986. La Villa recuerda a este artista mediante una calle que lleva su nombre.
Doña Asunción del Valle Pérez, nacida en Ribadesella en 1860, se traslada a Cienfuegos (Cuba) a raíz de su matrimonio con el también riosellano D. Vicente Villar del Valle, manteniéndose ambos fieles a sus veraneos en Ribadesella. En 1910, D. Vicente, encabezando y dirigiendo la suscripción popular encaminada a la edificación de las nuevas escuelas, comienza su trayectoria como benefactor local. Fallece en mayo de 1929 y, tras su muerte, toma posesión de la gran fortuna su viuda que, para perpetuar su memoria, funda en Ribadesella un Asilo de Ancianos bajo la advocación de San Vicente de Paul cuya denominación legal será: “Fundación Villar del Valle”.
Ante las noticias del levantamiento militar en África en 1936, el Comité del Frente Popular constituido por los partidos y organizaciones obreras de la localidad, toma, como una de sus primeras decisiones, la de detener entre el 25 y el 26 de julio a conocidas personas de la derecha riosellana encerrándolas en la nueva iglesia que será utilizada como prisión. En un principio decidieron destruir el retablo, pero, una vez convencidos del disparate que esto supondría, se conformaron con cubrirlo con tablones. Ninguna de las dos opciones se lleva a cabo y por lo que dejó escrito don Alfonso, el magnífico retablo no sufrió daños. Una vez terminada la contienda, y confiado el gobierno de la parroquia a don Alfonso, éste redacta el Inventario escribiendo: “Se procedió a la reparación de la cúpula y torres seriamente averiadas, en la que todos los feligreses se volcaron para hacer de su iglesia una de las más hermosas de la diócesis”. En ningún momento en sus escritos se refiere a que el retablo sufriera desperfectos y hubiera tenido que ser restaurado y sí escribió: “Tanto el párroco D. Emilio, como Dña. Asunción del Valle, ambos asesinados al comienzo de la Guerra Civil, tuvieron la suerte de ver terminado el magnífico retablo”.
En la Sección Oriente del periódico “La Nueva España” (2 – diciembre – 2006), un artículo del periodista Ramón Capín Rama (corregido y aumentado en 2014) describe el retablo de la iglesia parroquial de Ribadesella de la siguiente manera: “Con el título «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón» forma un ábside con tres cuadros bien diferenciados. Preside en el centro el Calvario, en el que escenifica al Crucificado con María Magdalena, la Virgen María, San Juan y María Cleofás de rodillas. La figura de Cristo no está en el centro, como es habitual, sino a un lado, lo que pretende dar relevancia a María Magdalena, a quien está dedicada la iglesia. Ambas resaltan al ser altorrelieves y estar sobre peanas. Este maravilloso cuadro se apoya sobre los pilares de la iglesia, esto es, las figuras de San Pedro y San Pablo…”

El Cristo del Retablo
La intelectual y poetisa del siglo XX Teresa de Jesús Martínez escribió que pocas partes del mundo poseerán un Cristo como el que se venera en la iglesia parroquial de Ribadesella, no solo por su magnitud, sino también por su mérito artístico. La biografía de esta poetisa, autodidacta, fue publicada por Juan José del Valle en el nº 7 de la revista La Plaza Nueva. Nace en Calabrez en 1889 y fallece en Colunga el día de Reyes de 1980. Está enterrada en el cementerio de Linares.

Cristo del retablo de la iglesia de Santa Marina de Ribadesella

Este Cristo, ante el que los riosellanos fuimos bautizados, hicimos nuestra Primera Comunión, nos casamos y despedimos a nuestros muertos, es un Cristo de impresionante aspecto, que refleja en su expresión una infinita paz y en el que el artista supo retratar todo el dramatismo de tan gloriosa escena.

Detalle del Cristo de retablo de la iglesia de Santa Marina de Ribadesella

Su figura se adapta perfectamente a los dos ejes que configuran la cruz, a la que se fija mediante cuatro clavos, manteniendo los pies separados apoyados en el reposapiés, una pieza situada en la parte inferior del palo vertical. La función de este elemento no era aligerar los sufrimientos, sino, más bien prolongarlos. Carece de corona de rey, con la que se representaba a los Cristos Románicos, y tampoco porta la de espinas, con la que se mostró a lo largo de los siglos. El cabello se reparte en el punto central de la frente y cae ordenado en mechones que sobresalen a ambos lados de la cara alargándose hasta los hombros. El estudio anatómico, en el que resaltan notablemente las costillas, es perfecto. El artista no incide sobre los aspectos dolorosos del calvario, ya que solamente se desprende sangre de manos y pies. Los ojos abiertos, pómulos apuntados, mejillas rehundidas y boca entreabierta hacen que su rostro produzca una sobrecogedora impresión. El paño de pureza que cubre su desnudez se eleva por encima de las rodillas y está trabajado de manera sobria y sencilla.
Esta es la imagen de un Cristo acercándose penosamente a la muerte en medio de una inmensa agonía.

Virgen María
Acompañando a Jesús en el Calvario de Ribadesella está su madre. No se dispone de ningún dato histórico sobre la fecha ni el lugar de nacimiento, aunque se calcula entre los años 18 a 16 a. C.
Los evangelios canónicos mencionan a María con ocasión del nacimiento de Jesús en Belén y de la huida a Egipto en tiempos del rey Herodes.
Mateo y Lucas, (Mt 1, 18; Lc 1, 2), afirman la concepción virginal de Cristo en el episodio de la Anunciación. El evangelista Lucas es el que más espacio le dedica, ya que narra la visita a su prima Santa Isabel y la presentación de Jesús en el templo siendo niño, cuando el anciano Simeón al bendecir a María le dice: “A ti una espada te atravesará el alma”.

La Virgen María en el retablo de la iglesia de Santa Marina de Ribadesella

En otros episodios de los evangelios aparece en segundo plano, como por ejemplo en las “Bodas de Caná”. Juan la sitúa al pie de la Cruz en su relato de la Pasión (Jn 18- 25, 27): “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo Juan, le dice: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora la acogió en su casa. Cuando se empieza a representar esta escena, ella desfallece de dolor en brazos de San Juan o de las santas mujeres allí presentes, pero, más adelante, la iglesia consideró estos desmayos como una debilidad impropia de la madre de Jesús y comenzó a mostrarla estoicamente de pie (así es como aparece en el Calvario de Ribadesella).
Finalmente, los “Hechos de los Apóstoles” señalan su presencia entre los apóstoles el día de Pentecostés.
La Virgen está presente en el arte de las catacumbas. Las Vírgenes con Niño se multiplican a partir del siglo XIII.
Los innumerables santuarios marianos son auténticos cenáculos donde los fieles se sumergen en la oración con María. Recordamos que el de Covadonga es, junto con el de Guadalupe, Montserrat y el de la Virgen del Pilar, uno de los más conocidos de España.
Los santuarios pueden ser insignificantes o grandiosos; estar en el interior de ciudades o apartados en medio de la nada, pero siempre serán lugar de encuentro donde se reconoce que María fue elegida por Dios para ser la Madre de su Hijo.

María Cleofás
Caída en tierra, como desamparada de fuerzas o herida de muerte, se representa en el Calvario de Ribadesella una de las santas mujeres.

María de Cleofás en el retablo de la iglesia de Santa Marina de Ribadesella

En los evangelios es conocida como María Cleofás por ser la esposa de Cleofás, hermano de San José según las tradiciones católica y ortodoxa. Fue una de las mujeres que acompañaron a Jesús en sus viajes de un lado a otro durante su vida pública. Fue también una de las primeras que lo vio resucitado.
Dos de sus hijos, Santiago el menor y Judas Tadeo, formaron parte del grupo de los doce apóstoles.

María Magdalena
La mujer que vemos en el retablo sobre peana, en un plano próximo, de larga cabellera suelta caída sobre la espalda es María Magdalena, patrona de la parroquia de Ribadesella.

María Magdalena en el retablo de la iglesia de Santa Marina de Ribadesella

Como ocurre con tantos personajes del Evangelio, no se sabe mucho de María de Magdala (localidad situada en la costa occidental del lago Tiberiades, cerca de Cafarnaúm). Queda claro que era una mujer pecadora, que arrepentida se convirtió en discípula de Cristo.
Es la mujer más veces citada en los Evangelios canónicos, lo cual indica la importancia que tuvo en el primer siglo del cristianismo cuando se redactan los Evangelios (un momento en el que la mujer no gozaba en la sociedad del más mínimo aprecio ni prestigio).
Los cuatro evangelistas la colocan al pie de la cruz en la hora de la trágica muerte de Cristo.
El hecho más transcendente en su biografía es que fue la primera persona a la que Jesús se le apareció después de la Resurrección y fue ella quien comunicó la noticia a los apóstoles.
Desde el punto de vista estrictamente histórico, sus huellas se pierden después de este episodio. Su figura desaparece y no se sabe donde vivió ni donde murió. Quizás para cubrir esta laguna histórica se forjaron muchas leyendas sobre el último periodo de su vida. Una de las más antiguas la sitúa en Asia, concretamente en Éfeso, en la actual Turquía, pero esta leyenda asiática acabó perdiéndose en el tiempo, mientras que surgieron con fuerza las que se propagaban en la Edad Media en Francia.
Varios países se disputan la autenticidad de los restos de esta santa. pero los primeros occidentales en revindicar sus reliquias fueron alemanes e ingleses. También llegaron a España. En Oviedo, en el catálogo de reliquias del siglo XI, aparece un mechón de pelo con el que enjugaba los pies a Jesús.

San Juan, Apóstol y Evangelista
San Juan se encuentra en el retablo al pie de la cruz, al lado derecho del Crucificado (izquierdo visto desde el espectador). Está representado como un hombre joven, sin barba, con la cabeza inclinada en actitud de recogimiento.

San Juan en el retablo de la iglesia de Santa Marina de Ribadesella

Aparece en diferentes escenas del Nuevo Testamento y es el único apóstol que tuvo el valor de acompañar al Maestro durante la crucifixión. En un gesto humano, el Redentor que está a punto de morir, no deja sola a su madre, la confía a los cuidados del discípulo que le había sido tan cercano.
Tras la dispersión de los apóstoles, Juan se estableció en Éfeso, ciudad de gran actividad cultural. Tuvo que soportar persecuciones por parte de los paganos bajo el imperio de Domiciano. Fue desterrado a la isla de Patmos, donde estuvo hasta la muerte de su perseguidor.
Durante su destierro escribió el Apocalipsis, un libro lleno de misterios que expone cómo fue arrebatado por el Espíritu y escucha una voz que, al igual que una trompeta proclama: “Lo que veas, escríbelo en un libro” (Ap. 1, 11).
Escribió también el 4º Evangelio y se le considera el evangelista de la divinidad mientras que los otros tres se ocupan más de la humanidad de Cristo.

San Pedro
A la izquierda del Calvario, situado en un plano inferior, está San Pedro, discípulo que se encontraba presente en todos los acontecimientos importantes de la vida pública del Maestro. Después de Pentecostés, el apostolado de Pedro se desarrolla en Palestina y Asia Menor.

San Pedro en el retablo de la iglesia de Santa Marina de Ribadesella

La tradición y la fe confirman la muerte de Pedro entre los años 64 y 67, durante la gran persecución de Nerón. La leyenda narra que, juzgándose indigno de morir en la cruz como Cristo, pide que lo crucifiquen cabeza abajo.

San Pablo
San Pablo está representado en el lado derecho del Calvario.
Es, después de Jesús, la figura más importante del cristianismo. Su vida se conoce por los “Hechos de los Apóstoles” y por sus propios escritos.

San Pablo en el retablo de la iglesia de Santa Marina de Ribadesella

Nació en Tarso (Asia Menor) hacia el año 10 d. C. en el seno de una poderosa familia judía y fue nacionalizado ciudadano romano. Sus viajes de evangelización le conducen a Asia Menor, Chipre, Grecia y Roma. Su apostolado itinerante dura cerca de un cuarto de siglo y predica especialmente a los gentiles. La tradición indica que fue en esta última ciudad donde Pedro y Pablo padecen el martirio durante la persecución de Nerón. Por su condición de ciudadano romano tiene el privilegio de ser decapitado.

En los artículos de La Nueva España de Ramón Capín, continúa la descripción del retablo: “A la derecha (izquierda para los fieles) aparece el panel de la caridad, principal virtud cristiana. Observamos aquí en primer lugar a Santa Clara con el pan de la Eucaristía y a San Francisco de Asís cogiendo a un leproso, seguidos de una representación de los pecados del hombre: un tálamo con dos amantes simboliza la lujuria y la pereza; el cuerno de la abundancia representa la avaricia y la gula; el cisne personifica la vanidad; varias columnas encarnan la soberbia y una anciana con cara demoníaca que observa a los amantes refleja envidia e ira. El cuadro resulta sobrecogedor” …

Retablo de la iglesia de Santa Marina de Ribadesella

Santa Clara
Santa Clara de Asís (1195-1253) fue la primera discípula de San Francisco de Asís. Ambos fundaron las monjas franciscanas o clarisas, la orden femenina más austera de su época. Ella la gobernó durante 40 años. Comenzó pronto a viajar para fundar conventos por toda Italia y Alemania. En sus representaciones viste el hábito pardo con velo negro, cordón blanco y sandalias.


San Francisco
Nacido en Asís en 1182, era hijo de un rico mercader de telas. Tras renunciar a la herencia paterna y repartir entre los pobres sus propias riquezas, se convierte en el “Poverello” de Asís (el pobrecito de Asís). Cuando cuenta con 28 años, se unen a él algunos discípulos, dando origen al núcleo fundacional de los Hermanos Menores, que se agrupan en torno a la capilla de la Porciúncula en la falda de la colina de Asís. Crea la Orden Terciaria para los seglares. Misiona por Italia, Francia, España, Tierra Santa y Egipto. De regreso a Italia es relegado en el gobierno de la orden que ha fundado y en la soledad de su retiro, recibe en su carne la impresión de unas llagas como las de Cristo. Fallece en la noche del 3 al 4 de octubre de 1226.
Después de canonizado se convirtió rápidamente en el santo más venerado.
Se representa siempre con el sayal de los franciscanos atado a la cintura. Se le reconoce por los estigmas que lleva en manos y pies.

Continúa la descripción que del retablo de Ribadesella hizo Ramón Capín: “A la izquierda del Calvario (derecha para los fieles) se representa la Mística con los grandes místicos del siglo XVI: San Ignacio de Loyola, Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Detrás de San Juan surge un marinero que está sacando una red y, a la vez, salva a un náufrago: un cuadro que simboliza a Cristo como puerto o ancla de Salvación. La sección se cierra con San Pascual Bailón adorando la Eucaristía en la custodia portada por un sacerdote.”

Retablo de la iglesia de Santa Marina de Ribadesella

San Ignacio de Loyola
San Ignacio (1491-1556), un militar de noble familia vasca fue herido en el sitio de Pamplona. Cuando abandonó la carrera militar, abrazó el sacerdocio.
Acusado de herejía permaneció algún tiempo en la cárcel, pero finalmente fue absuelto por la Inquisición. Viajó a París para estudiar filosofía y latín. Allí conoció a sus primeros compañeros con los que viajó a Roma para ser ordenados sacerdotes. Fundaron la Orden religiosa de la Compañía de Jesús cuya regla fue redactada por el propio San Ignacio. Los Jesuitas pronto abrieron escuelas y misiones por toda Europa y parte de Asia. Es famoso su libro “Ejercicios Espirituales”.
Se representa con sotana negra, manto y faja negra en la cintura.

Santa Teresa
Hija de una casa señorial de Ávila, entró a los 18 años en el monasterio de la Encarnación de dicha ciudad. Reformó las carmelitas llegando a fundar 32 conventos en toda España. Sus escritos son obras maestras de la literatura. Entre los éxtasis y las visiones que describió ella misma en sus obras, figura la Transverberación o traspaso de su corazón que tuvo lugar en 1559.
Muere en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582.
El papa Pablo VI la proclamó Doctora de la Iglesia en 1970. Fue investida Doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca en 1922 y, en 2015, por la Universidad Católica de Ávila.
Se representa con hábito carmelitano de las Descalzas, con toca blanca y velo negro; amplio manto de lana blanca y sandalias. Sus atributos son el libro y la pluma; una paloma y el bordón pastoral que termina en cruz de doble travesaño como fundadora.

San Juan de la Cruz
Juan de Yepes y Álvarez, San Juan de la Cruz, nació en Fontiveros (Ávila) en 1542. La penuria económica manda a la familia a Medina del Campo, en donde Juan entra en el noviciado de los carmelitas. En Salamanca estudia filosofía y teología. Colabora con Santa Teresa en la reforma de la Orden Carmelitana.
Sufre secuestro y prisión en Toledo, huye a Andalucía nueve meses más tarde (meses fecundísimos en su labor literaria) y muere en Úbeda el 14 de diciembre de 1591.
Se le representa vistiendo hábito carmelitano: larga túnica y escapulario. Lleva muceta con capuchón, todo de color pardo.
Ostenta el título de Doctor de la Iglesia.

San Pascual Bailón
Nació en 1540, en Torre-Hermosa (Aragón). Sus padres eran tan pobres que no disponían de medios para ofrecerle ningún tipo de educación. Aprendió a leer de manera autodidacta.
Ingresó como lego en un convento de Franciscanos Descalzos Reformado en el reino de Valencia. En Monforte del Cid (Alicante) tuvo una visión de Jesucristo en la Eucaristía. Murió en Villarreal (Castellón) cuando contaba 52 años.
Se representa con el hábito de los franciscanos descalzos. Como atributo personal tiene un cáliz. Para recordar que fue pastor, también le puede acompañar un cayado y una oveja.

Los Evangelistas
Termina el artículo publicado en “La Nueva España”: “Finalmente los extremos de los paneles laterales se enmarcan con las esculturas de los cuatro evangelistas, que al igual que las figuras de Pedro y Pablo exhiben un impresionante hieratismo”.

Un evangelista del retablo de la iglesia de Santa Marina de Ribadesella
El apóstol y evangelista san Juan del retablo de la iglesia de Santa Marina de Ribadesella
Un evangelista del retablo de la iglesia de Santa Marina de Ribadesella
Un evangelista del retablo de la iglesia de Santa Marina de Ribadesella

A partir del siglo V, se atribuyó un símbolo a cada evangelista. Conocidos con el nombre de tetramorfos, proceden de dos fuentes: el libro de Ezequiel (1,5-12) y del Apocalipsis (4, 6-8). Los símbolos que los Padres de la Iglesia aplicaron a los evangelistas son: el león para Marcos, el becerro para Lucas; el hombre o ángel para Mateo y el águila para Juan. Pueden acompañar a las representaciones de los evangelistas o sustituirlos.
En este retablo, al único que se reconoce es a Juan, al ser siempre representado más joven que los otros tres.
Estas imágenes fueron esculpidas en la misma iglesia, mientras que el resto fue esculpido en su taller.
Termino este escrito sobre el retablo de la iglesia de Santa María Magdalena de Ribadesella con las últimas palabras que el periodista Ramón Capín Rama le dedica en el artículo de La Nueva España del 2 de diciembre del 2006, y con las que estoy totalmente de acuerdo: “Pocas veces se puede disfrutar hoy en día de obras escultóricas de este calibre”.

Quiero agradecer su colaboración a Abelardo Llano del Valle, nieto del escultor Emilio del Valle Junco, a Juan Antonio Sánchez Díaz-París y a Ángel Bravo Torre, por su ayuda en la búsqueda de información, a Pedro Martínez Mielgo por las fotos y al párroco de Ribadesella, don José Ramón Fernández Abad.

Bibliografía

Nº 7 de la revista La Plaza Nueva editada por la “Asociación Amigos de Ribadesella”
“María en los pueblos de España” Fe, Historia, Antropología, Devoción, Arte
“La Rioja” de Felipe Abad León
“Andalucía Occidental” de distintos autores
“Jesús de Nazaret” del Papa Benedicto XVI
“La Pasión de Cristo” de José Miguel García Pérez
“Jesús, una biografía” de Armando Puig
“Investigación sobre Jesús” de Corrado Augias y Mauro Pesce
“Jesús. Siempre y más” 1000 opiniones sobre Cristo de Rafael de Andrés
“Cien rostros de Cristo para la contemplación” de Clemente Arraz Enjuto
“La Biblia y los santos” de Gaston Duchel-Schaux y Michel Pastoureau
“Iconografía de los santos” de Juan Fernando Roig
“Los santos del día” de Luis T. Melgar Valero
“Iglesias, capillas y advocaciones del concejo de Ribadesella” de M.ª Teresa Sánchez Díaz-París y Ángel Bravo Torre
“Los evangelios apócrifos” de A. de Santos Otero
“La Magdalena” de Juan Arias
“Biblia de Jerusalén en letra grande” Edición española
Y, especialmente, los artículos del periodista Ramón Capín publicados el 2 de diciembre de 2006 y el 26 de agosto de 2014 en el diario “La Nueva España”.

Valdés, Alienes

En el “Libro Becerro” de la catedral de Oviedo (fechado en 1385) figura la parroquia de Santa María de Ve”. Se supone que esta parroquia es la actual Santa María de Alienes ya que solo existen dos feligresías en Valdés dedicadas a Santa María (Cadavedo y Alienes).
La iglesia no conserva restos medievales. Fue construida a finales del siglo XIX y reconstruida en el año 1996. Un pórtico recorre las fachadas oeste (cerrado) y sur sujeto por pies derechos que descansan sobre murete. La cabecera, que al exterior es continuación de la nave, cubre con techo de arista, y en el interior se separa por arco de triunfo.

Iglesia de Santa María de Alienes. Foto: 2003

El retablo mayor está fechado en 1885 y fue realizado por José Barreiras de Luarca. Preside el retablo una imagen de vestir de Santa María que lleva al Niño Jesús en su brazo izquierdo. La acompañan en sendas hornacinas, San José y San Antonio.
Contiene el templo otros dos retablos más antiguos procedentes del edificio anterior. El del lado izquierdo de la nave rematado con estípites laterales, aloja una talla de un precioso Crucificado de 1,27 metros de altura. Se trata de un Cristo muerto en la cruz con la herida sangrante producida por la lanza con la que un soldado le atravesó el costado.

Cristo del retablo izquierdo de Santa María de Alienes. Foto: 2003

Responde a los cánones del siglo XVIII; la postura del cuerpo se mantiene rígida sin que sus brazos dibujen una perfecta perpendicular con respecto al eje del mismo. La cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha; el rostro con la nariz afilada; los párpados cerrados y la boca entreabierta dejando ver los dientes superiores. Barba larga y bífida. La cabellera aparece tallada en amplias quedejas que caen sobre el hombro derecho y se ondulan reposando sobre el izquierdo, dejando a la vista la oreja de ese lado. La sangre se derrama desde el costado y rodillas, goteando por el resto del cuerpo.

Valdés, Alienes, iglesia, Cristo
Detalle del Cristo del retablo izquierdo de Santa María de Alienes. Foto: 2003

Teverga, Carrea

La parroquia de Carrea está situada en la falda de la Peña Sobia. En el templo parroquial se rinde culto a Nuestra Señora del Cébrano, patrona de Teverga, coronada canónicamente, previo documento pontificio, el 15 de agosto de 1949.
El templo de Santa María ha sido construido en dos etapas: el presbiterio, que parece ser la primitiva ermita, debió de edificarse en el siglo XI o XII, pues ostenta muchos caracteres románicos, y el resto de la iglesia en el siglo XVII. La iglesia es de una sola nave con cuerpo cuadrado más ancho y alto adosado a la cabecera. A los pies, fachada de sillería y cinco pisos divididos por líneas impostas.
Corresponde esta fachada plenamente al periodo estilístico en que fue construida. Inscripción con la fecha 1694, siglo del barroco.

Iglesia de Nuestra Señora del Cébrano de Carrea. Foto: 1993

El retablo mayor de cuerpo único con cinco hornacinas y ático con tres. Fechable a mediados del siglo XVIII. La imagen de Nuestra Señora del Cébrano es una talla románico-bizantina, sedente, con el Niño Jesús apoyado sobre la rodilla izquierda. Alberga también este retablo una imagen de la Piedad, una santa, y en las hornacinas del extremo, dos relieves de santos diáconos que parecen corresponder a principios del siglo XVII. En el ático, dos santos franciscanos flanqueando al pequeño Cristo de la Espina coetáneo del retablo.

Retablo de la iglesia de Nuestra Señora del Cébrano. Foto: 1994
Cristo de la Espina en el ático del retablo. Foto: 1994

En la nave derecha del santuario, un Cristo muerto, de mediano tamaño, con el rostro dulcemente inclinado sobre su hombro derecho, cerrados ya los párpados en una expresión de paz, aunque con el dolor presente mediante la posición caída de la cabeza, pierde fuerza expresiva en lo que se refiere al descolgamiento de los brazos que se mantienen horizontales con las manos extendidas. Los pliegues del perizonium confluyen en el centro cubriendo desde poco más debajo de la cintura hasta medio muslo.

Cristo de la nave derecha. Foto: 1994

Su ejecución no se puede comparar con la de otros Cristos góticos que admiramos en el Principado, pero es una imagen que inspira devoción y hace meditar a quienes lo contemplan sobre el misterio de la Crucifixión y todo lo que significa para los cristianos.

Cangas del Narcea, Jarceley

La iglesia parroquial de Santa María de Jarceley aparece citada en una donación de Fruela a la iglesia de San Salvador de Oviedo, con fecha 24 de octubre del año 912.
Su primera construcción se remonta al siglo XII y aún se conserva el arco de triunfo sujeto por capiteles románicos. Las capillas, del siglo XVII, pertenecen a las familias de Sierra y Pambley.

Jarceley, Cangas del Narcea, Calvario, iglesia
Cangas del Narcea. Jarceley. Iglesia parroquial de Santa María Foto de 1990

El retablo mayor se organiza a base de cuerpo único de tres hornacinas y ático. La columna es entorchada y la ligazón entre el ático y el piso bajo se hace por medio de aletones ganchudos.

Jarceley, Cangas del Narcea, Calvario, iglesia
Retablo de la iglesia de Santa María de Jarceley. Foto de 1999

Lo más destacable es la representación de Cristo en la puerta del Sagrario sentado sobre sepulcro, que porta en sus manos instrumentos de la pasión. La imaginería, (salvando la Virgen atribuida a Antonio Borja) incluyendo el Calvario del ático, depende en tratamiento de la de Agrela, aunque en este caso, mucho menos conseguida. El hecho es que siguiendo el estilo que él impuso, se llena la zona de retablos e imágenes por lo menos hasta la llegada de las nuevas modas recogidas en el taller de Corias.

Jarceley, Cangas del Narcea, Calvario, iglesia
Calvario del ático del retablo mayor. Foto de 1999

En el cuerpo de la nave central, lado izquierdo, se encuentra un retablo del siglo XVIII que alberga un Cristo gótico del siglo XIV, representado en el preciso instante en que acaba de exhalar su último aliento; su boca produce una sobrecogedora impresión; los pómulos apuntados, las mejillas rehundidas y los cabellos de la barba, que apelmazados aparecen adheridos a la piel como consecuencia de la transpiración y la efusión de la sangre durante su prolongada agonía. Esta angustiosa versión se exalta al contemplar su anatomía desencajada por los tormentos y las espasmódicas convulsiones inherentes a la crucifixión.

Jarceley, Cangas del Narcea, Calvario, iglesia
Calvario gótico del siglo XIV. Foto de 1999
Jarceley, Cangas del Narcea, Calvario, iglesia
Calvario gótico del siglo XIV. Foto de 1999

Los dedos contraídos en torno a los clavos que atraviesan las palmas de las manos, así como el hundimiento del vientre que, al reducir el contorno abdominal descuelga el paño de pureza hacen de este Cristo una imagen peculiar.
De las extremidades inferiores destaca la dislocación de la pierna izquierda, con la pantorrilla de perfil, mientras en la derecha proyecta su rodilla hacia delante. Los tendones del pie y la contracción del empeine traducen la tensión y el peso del cuerpo sobre el clavo.
Este naturalismo expresionista contrasta con las figuras de la Virgen y San Juan. Situada sobre peana integrada, María viste túnica de talle alto, ceñido por cinturón. Se cubre con manto, enmarca el rostro con tocas de viuda; las manos entrelazadas a la altura del pecho con los dedos crispados y la mueca en su boca expresan en buena medida, sentimientos intensos e interrogación.
San Juan apoya la mejilla sobre su mano, exhibiendo el Evangelio como símbolo de su condición de evangelista. Su peinado de casco con rizos reproduce un modelo común de la época, próxima al siglo XIV, y su semblante expresa ensimismamiento y concentración.
A los costados de ambas imágenes, el manto genera en su caída una serie de rítmicos pliegues concéntricos escalonados en cascada.
En la misma iglesia, en una capilla abierta a lado izquierdo, existe otro retablo, manierista de finales del XVI o principios del XVII, que también guarda relación con el de Cangas. La variante la producen las columnas entorchadas terciadas en las que las estrías helicoidales siguen distinto sentido en el tercio inferior que en los dos superiores. Recoge un buen repertorio de santos relacionados con las nuevas devociones barrocas impuestas hasta en rincones muy apartados: Santiago, San Bartolomé, San Juan Bautista, un obispo y San Antonio de Papua, rematados por el Calvario del ático y el Dios Padre del frontón.

Jarceley, Cangas del Narcea, Calvario, iglesia
Retablo de la capilla izquierda. Foto de 1999
Jarceley, Cangas del Narcea, Calvario, iglesia
Calvario del ático del retablo de la capilla izquierda. Foto de 1999

En la capilla de la derecha de esta misma iglesia de Jarceley, se encuentra el retablo que forma parte del interesante repertorio de retablos atribuidos al taller de Pedro Sánchez de Agrela. Como se puede observar en el concejo de Cangas, la extensión de su obra es rastreable en muchos ejemplos que hoy se conservan en la comarca y hubiera habido muchos más si no se diera en los siglos barrocos un cambio tan rápido del gusto, que hizo considerar austeros y antiguas estas obras manieristas hechas con anterioridad (final del siglo XVI y principios del XVII). Con toda seguridad que muchos de los retablos salidos de su taller o de sus directos seguidores se cambiarían siguiendo las modas marcadas por las efusiones barrocas de Corias.

Jarceley, Cangas del Narcea, Calvario, iglesia
Retablo de la capilla derecha. Foto de 1999

El retablo se organiza a base de cuerpo único con tres hornacinas y ático en el que se aloja el Calvario de madera dorada y policromada; el marco en el que aparece colocado está formado por columnas, una a cada lado. Bajo este marco, en el centro, aparece la cruz y a ambos lados las figuras de la Virgen y San Juan. La cabeza de Cristo está inclinada hacia la derecha y sostiene la corona de espinas que la ciñe. Su cuerpo es delgado y alargado lo que confiere más patetismo a la figura. El paño de pureza, muy reducido, presenta un plegado dotado de cierto virtuosismo, con un pliegue central que lo sujeta. En el remate de la cruz, está colocada la cartela con el INRI.

Jarceley, Cangas del Narcea, Calvario, iglesia
Calvario del ático del retablo de la capilla derecha. Foto de 1999

La Virgen se cubre con un gran manto de pliegues profundos y su rostro, con los ojos elevados hacia la cruz, resulta muy ingenuo y delicioso.
La figura de San Juan, con el rostro de perfil, es la menos conseguida del grupo. Viste túnica larga cuyos pliegues se adhieren al cuerpo y le cubre hasta los pies; tiene una pierna adelantada; su cabeza está inclinada hacia arriba mirando a la cruz. Los cabellos ondulados le caen a ambos lados del rostro marcando el cuello. Con una de sus manos sujeta un libro, y la otra la apoya sobre el pecho.
Al fondo de las figuras se configura un paisaje azul formado por edificios religiosos y sobre ellos, nubes en el mismo tono.

Aller, Moreda

La iglesia parroquial de tres naves, bajo la advocación de San Martín de Tours, se inauguraba en 1946 con dos torres y un pórtico central que también abarca parte de las fachadas laterales. Las torres alojan el campanario y el reloj.

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Aller. Moreda. Iglesia de San Martín. Marzo de 2004

La antigua iglesia fue demolida en 1918-19 y en su solar se edificó otro templo financiado por el marqués de Casa Quijano, gerente de la Sociedad Hullera Española. Fue inaugurada el 11 de noviembre de 1923 (día de san Martín) y destruida, en parte, en 1936.
Tanto los retablos como las imágenes son del siglo XX. Encontramos en esta iglesia dos representaciones del Crucificado.

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Aller. Moreda. Iglesia de San Martín. Octubre de 1999
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Aller. Moreda. Iglesia de San Martín. Octubre de 1999

Entre las imágenes perdidas, destrozadas o quemadas durante la Guerra Civil, están muchas del concejo de Aller que fueron sustituidas por las que actualmente se contemplan, entre ellas, las de esta parroquia de Moreda.
En 1905, nació en Moreda la sociedad “Los Humanitarios” para hacer valer el derecho de los ganaderos alleranos de llevar el ganado a pacer a los montes colindantes entre los concejos de Aller y Lena, según un convenio que, a desde finales del siglo XIX, tenían pactado ambos concejos y que Lena pretendía dejar sin efecto. En 1914 ganan el pleito y se constituye como entidad de carácter benéfico, socorriendo necesidades de las poblaciones de Moreda y Caborana.

Oyanco

Capilla de San José Obrero construida en 1958 por la Sociedad Industrial Asturiana en el lugar de Oyanco a escasos 2 km. de Moreda

Aller. Parroquia de Moreda. Capilla de San José de Oyanco. Foto octubre de 2004

Aller. Parroquia de Moreda. Capilla de San José de Oyanco. Foto octubre de 2004

Santo Tomás

Capilla de Santo Tomás en el lugar del mismo nombre de la parroquia de Moreda, de la que dista unos 3 km., a 500 metros de altitud.

Aller. Parroquia de Moreda. Capilla de Santo Tomás o Santa Rita. Foto mayo de 2000
Aller. Parroquia de Moreda. Capilla de Santo Tomás o Santa Rita. Foto mayo de 2000

Tineo, Naraval

Iglesia construida en los siglos XIV y XV, de dos naves y dos ábsides cuadrados, precedidos de pórtico y terminados en sacristía. Ahora las naves están cubiertas con techo plano, pero los presbiterios conservan sus cañones apuntados.

Tineo. Naraval. Iglesia de San Salvador. Foto de 1990
Iglesia de San Salvador. Foto de 1990

Podría hablarse del siglo XIV como origen (Germán Ramallo: La zona suroccidental asturiana).
El actual edificio de San Salvador fue dotado de torre campanario hacia 1950 por el párroco Jesús Fernández Jardón.
Algunos de los pueblos de esta parroquia son brañas, sede habitual de vaqueiros.
En la nave derecha, que hace de mayor, un retablo de la primera mitad del siglo XVII, de buena factura, estructurado con cuerpo único de tres hornacinas y ático. La imaginería es contemporánea, incluido el Cristo del ático.

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Retablo de la Virgen del Carmen. Foto de 1996

En la nave izquierda, retablo de tradición del taller de Corias fechable en el primer cuarto del siglo XVIII, con una Virgen del Carmen de buena calidad que conserva la policromía original.

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Retablo de la Virgen del Carmen. Foto de 1996

La imagen del Crucificado que ocupa el ático es anterior a la fecha de ejecución de este retablo. Cristo, después de predicar el amor y de enaltecer a los humildes, murió por todos los hombres, no distinguió de razas ni de castas, pero, a pesar de esto, algún sacerdote tenía sancionados a los vaqueiros de alzada. De un modo visible estaba acotado el lugar de los brañeros con una viga tendida a través del suelo. En esta parroquia ocurría que si traspasaba la señal que servía de valla, les cortaban la ropa con navajas o tijeras. Los vaqueiros no podían subir a la tribuna ni acercarse al presbiterio, ni llevar en las procesiones cruz, pendón o estandarte. Esta división se extendía más allá de la muerte, pues el cadáver era conducido al cementerio en parihuelas o en miserables andas y en el cementerio después de las sepulturas de 1ª, 2ª y 3ª clase (ésta última para pobres de solemnidad), seguían las de los vaqueiros apartadas de todas, para que se aumentara la soledad en su pobre tumba.

Ibias, Taladrid

Taladrid fue coto señorial hasta que en 1827 se integró en el concejo de Ibias. El lugar de Taladrid se localiza en la sierra de Pandelo sobre la margen izquierda del río Ibias.

Ibias, iglesia parroquial de San Pedro de Taladrid. Foto de mayo  de 1999
Ibias, iglesia parroquial de San Pedro de Taladrid. Foto de mayo de 1999

En la clave del arco de la iglesia de San Pedro se conserva una inscripción recordando el año 1737 como el de su construcción, siendo párroco don Juan Antonio Albarez de Ron, abogado de la Real Cancillería de Valladolid. El templo tiene una sola nave; presbiterio en forma de torre flanqueada por la sacristía y una capilla; fachada rematada por espadaña y pórtico a los pies y en uno de sus laterales.
En el interior resalta la decoración de la techumbre del presbiterio con artesonado de madera decorado con motivos estrellados y el retablo mayor del tercer cuarto del siglo XVIII de transición barroco-rococó. En la nave, dos retablos del siglo XVIII, uno con imágenes del siglo XVI (Ángel de la Guarda, San Roque y San Antonio). El resto de la imaginería pertenece a la misma época que los retablos. El Crucificado barroco que encontramos en esta iglesia está muy deteriorado, le faltan los brazos y presenta un estado lamentable.

Ibias, iglesia parroquial de San Pedro de Taladrid. Foto de mayo  de 1999
Ibias, iglesia parroquial de San Pedro de Taladrid. Foto de mayo de 1999

Mantiene los ojos abiertos, el pelo se desliza hasta más abajo de los hombros y deja al descubierto la oreja derecha. El paño de pureza está abultadamente anudado con una lazada con un cabo suelto. Es una pena que el paso del tiempo, la humedad y la carcoma produzcan ese triste y penoso efecto en esta imagen.

Valdés, Luarca

La primitiva construcción de la iglesia de Santa Eulalia de Luarca fue donada por Fruela II en el año 912 a la iglesia de Oviedo. Se destruyó para construir el templo actual, que fue totalmente reconstruido en el año 1879.

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Iglesia de Santa Eulalia de Luarca. Foto de 1989

Es de planta rectangular con pórtico a los pies y cabecera plana. Al interior tiene tres naves cubiertas con bóveda de arista. En el crucero, la nave central se cubre con cúpula sobre pechinas y las laterales con bóveda de aristas esquifadas. El ábside se cubre con bóveda de arista.
Al exterior hay trasposición del espacio interno y tiene un pórtico adosado al muro oeste. De su parte central arranca una torre de sección cuadrada que se remata con campanario.
Los retablos que conservan son barrocos de la escuela vallisoletana.

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Retablo mayor de la iglesia de Santa Eulalia de Luarca. Foto de 1994

El retablo mayor se construyó en el momento de la reedificación de la iglesia (entre 1770 y 1780). En él merece especial mención el tabernáculo-expositor y el templete del ático, ambos de estilo rococó, movimiento artístico nacido en Francia bajo el reinado de Luis XV y que se impuso en Europa en el siglo XVIII.
Las imágenes son contemporáneas, de escaso valor, exceptuando la de Santa Eulalia y el Cristo del ático.

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Cristo del retablo mayor. Foto de 2004

El Cristo tiene la cabeza ladeada hacia el hombro derecho y los ojos cerrados. La corona de espinas sujeta su cabellera que cae por delante sobre ambos hombros. El bigote enlaza con la barba corta y sus brazos apenas se elevan sobre la horizontal. Las manos doblan sus dedos por el dolor que le producen los clavos que los sujetan en la cruz. Las piernas tienen clavados los pies con un solo clavo. El paño de pureza, arrollado al cuerpo, deja a la vista las caderas y va atado con una gran lazada en el lado izquierdo.
La imagen representa a un Cristo muerto, el Cristo que no usó las ventajas de ser Dios y se rebajó hasta ser crucificado entre dos ladrones.
El retablo mayor se pintó y doró en el año 1896 a expensas de la testamentaría de doña Bernarda de Anciola, siendo párroco don Raimundo Camino.
El retablo del Crucificado es de estilo rococó de finales del siglo XVIII.

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Retablo del Crucificado. Foto de 1994

Sobre su imagen en medallón sostenido por dos pequeños ángeles hay una larga inscripción, que no se puede leer por el pequeño tamaño de la letra. El retablo se pintó y decoró siendo también párroco don Raimundo Camino en 1895-1986.
Este retablo alberga un Calvario. La figura del Cristo de mucho mayor tamaño que los Dolientes. Ambos parecen estar realizados en el mismo taller y datan del siglo XX. Tanto María, situada en la hornacina del lado del Evangelio, como San Juan, en el de la Epístola, dirigen su mirada hacia la figura barroca del Crucificado.
Otro retablo de la iglesia de Luarca es el de la Virgen del Carmen.

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Retablo de la Virgen del Carmen. Foto de 1994

Está compuesto por dos cuerpos, el inferior estilo taller de Corias (primer cuarto del siglo XVIII) y el superior añadido de otro retablo posterior procedente del palacio de Ferrera. El Cristo, con la cabeza ligeramente orientada hacia arriba, tiene los ojos abiertos en actitud de implorar al Padre el perdón para sus maltratadores: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. El Crucificado presenta delgadez de cuerpo y una anatomía marcada. El paño de pureza con mucho vuelo y dejando ver las caderas, sitúa esta imagen cronológicamente en el siglo XVIII.

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Cristo del retablo de la Virgen del Carmen. Foto de 2000

El retablo se pintó y decoró en el año 1896 por inscripción popular que abrió el párroco D. Raimundo Camino.
Alberga la iglesia otros dos retablos muy importantes que, aunque no alojan la imagen de Cristo, creo oportuno citar: el de San Antonio de la segunda mitad del siglo XVIII y el de la Virgen del Rosario, que continúa la misma línea del mayor, aunque de factura sea menos delicada.

Crucero de Luarca

Rehecho en 1716 y trasladado en 1960 al puerto. Es la única cruz conservada del calvario custodiado por la Santa Hermandad de la Escuela de Cristo a finales del siglo XVII. Sobre un estilizado fuste que culmina en capitel se dispone una cruz con dos frentes, en los que aparecen esculpidos, en uno, un Cristo Crucificado y, en el otro, la Virgen con el Niño. En una de las caras del zócalo prismático se halla grabado este texto: “Este crucero lo hizo a sus expensas el capitán D. Franco de Omaña y lo reedificó como su heredero D. Melchor Manso el año de 1786”.

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Crucero. Foto de 2004

Procesión del Jueves Santo

Es tradición luarquesa que, en la Procesión del Jueves Santo, llamada de Las Cruces, desfilen muchos Cristos, correspondientes cada uno de ellos a una familia de la localidad. Desfilan por riguroso orden de antigüedad, siendo el más antiguo el que lo hace más cerca del Nazareno.
Hay en esta procesión muchos momentos de gran emoción. El primero se produce cuando el Nazareno traspasa el lugar de la iglesia y es recibido con los acordes de la Marcha Real. Tres horas dura la procesión que va desde la iglesia parroquial hasta la capilla de la Atalaya.
Los Cristos suelen ser llevados por miembros de la propia familia, en sentido inverso a la marcha con el fin de que vayan mirando hacia el Nazareno. Poco antes de comenzar la procesión, el hermano mayor de la Real Cofradía del Buen Jesús Nazareno va dando el orden en el que deben desfilar las cruces, comenzando por la más reciente hasta llegar al mas antiguo, la de la casa de la Sierra.
La imagen del Nazareno es transportada a hombros por 16 hombres y muchos luarqueses se disputan ese honor.

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Procesión del Jueves Santo. Foto de 1995

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Procesión del Jueves Santo. Foto de 1995

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Procesión del Jueves Santo. Foto de 1995

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Cristo de la Procesión del Jueves Santo, Las Cruces. Foto de 13 de abril de 1995

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Cristo de la Procesión del Jueves Santo, Las Cruces. Foto de 13 de abril de 1995

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Cristo de la Procesión del Jueves Santo, Las Cruces. Foto de 13 de abril de 1995

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Cristo de la Procesión del Jueves Santo, Las Cruces. Foto de 13 de abril de 1995

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Cristo de la Procesión del Jueves Santo, Las Cruces. Foto de 13 de abril de 1995

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Cristo de la Procesión del Jueves Santo, Las Cruces. Foto de 13 de abril de 1995

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Cristo de la Procesión del Jueves Santo, Las Cruces. Foto de 13 de abril de 1995

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Cristo de la Procesión del Jueves Santo, Las Cruces. Foto de 13 de abril de 1995

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Cristo de la Procesión del Jueves Santo, Las Cruces. Foto de 13 de abril de 1995

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Nazareno en la Procesión del Jueves Santo, Las Cruces. Foto de 13 de abril de 1995

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Valdés. Luarca. Capilla de la Atalaya y cementerio. Foto Javier Díaz García de 1992

Teverga, Alesga

La iglesia de San Salvador es una construcción típica rural, cuya lápida fundacional, situada delante del altar mayor, es ilegible por estar muy erosionada. La construcción cubre en la nave con cubierta de madera a doble vertiente y con bóveda de cañón en el ábside. A los pies, espadaña de dos huecos semicirculares y puerta central con arco de medio punto.

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Iglesia de San Salvador de Alesga. Foto de 1990

El 23 de abril del año 2006, el vicario general Juan Antonio Menéndez visitó el concejo de Teverga para reinaugurar tres iglesias que habían sido restauradas. Una de ellas era San Salvador.
Alberga la iglesia un Crucificado sujeto a la cruz por tres clavos, que parece captado en el preciso momento de su muerte, por lo que los brazos no dan sensación de desplome y el arqueamiento de las piernas está poco marcado. El paño de pureza con pliegues envolventes y profundos cubre su desnudez. La cabeza, con los ojos cerrados, se inclina hacia abajo ladeada a su derecha, presentando un rostro sereno que inspira fervor a quien lo contempla.

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Cristo de la iglesia de San Salvador de Alesga. Foto de 1993

Cangas del Narcea, Genestoso

El templo de San Pedro de Genestoso es de nave única cubierta por madera y presbiterio cubierto por arista, sacristía y pórtico semiabierto colocado a los pies. Es una construcción del siglo XVII o XVIII.

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Cangas del Narcea. San Pedro de Genestoso. Foto de 1998

Contiene la iglesia un retablo mayor del taller de Corias, fechable a principios del siglo XVIII; dos óleos (Éxtasis de San Francisco y Abrazo de San Joaquín y Santa Ana); y un Crucificado gótico (s. XIV-XV): corona de espinas, leve inclinación de la cabeza, disposición de los pies clavados en un solo clavo y rostro impasible con la boca y los ojos cerrados.

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Retablo mayor del taller de Corias. Foto de 1998

Su ejecución no es comparable a la de otros Cristos góticos que admiramos en este concejo, pero tiene el mérito de haberse conservado hasta nuestros días gracias a la veneración a sus imágenes que han tenido los habitantes de esta aldea (y de otras aldeas de esta zona suroccidental de Asturias).

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Cristo gótico. Foto de 1998